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El Bosque de la Vida

Aquí descansan las cenizas de aquellas personas que generosamente donaron su cuerpo a la ciencia.

Durante 26 años Francisco Doñate, Catedrático de Anatomía y Embriología de la Facultad de Medicina y Enfermería EHU/UPV en Leioa, custodió las cenizas de las personas que habían donado su cuerpo a la ciencia, con la idea de construir un pequeño panteón para albergarlas.

En 2003, gracias a una serie de donativos y a la participación de EHU/UPV, se inauguró el actual “Bosque de la Vida». Este monumento es un homenaje a todas las personas que donan su cuerpo a la ciencia, ya que sin ellas sería imposible la enseñanza de la Medicina.

Se creó un lugar que a diferencia de un edificio nunca está cerrado (física, visual o conceptualmente), donde no existen caminos, ni puertas, ni orden, ni números, ni límites… ese lugar es un Bosque.

Una de las primeras prácticas que realizan las y los estudiantes de medicina, es la visita al Bosque de la Vida. En el bosque se les explica su contenido, su significado y quien está allí. Algo ocurre en ese espacio, las personas que pasan por allí no vuelven a ser las mismas.

En el ‘Bosque de la Vida’ un letrero advierte en tres idiomas: «Aquí descansan las cenizas de aquellas personas que generosamente donaron su cuerpo a la ciencia. Aquí la muerte se recrea ayudando a la vida».

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